lunes, 12 de febrero de 2018



ASI ES ESTA ESPAÑA QUE VOTA A LOS QUE VOTA






A menudo me asombro de los resultados electorales, tanto los que avanzan las encuestas como los que luego dan las urnas. ¿Cómo es posible que tal partido se hunda pero emerja a su lado uno nuevo que enarbola la bandera sumergida?, y aún más incomprensible: ¿En que cabeza cabe que se siga votando siempre a los mismos, o a los similares, sin que ninguna razón o realidad nos quiten las orejeras? ¿Es concebible que la humanidad, y España en ella, viaje en cangrejo y no, al menos, en tortuga?

Estos días pasados ha salido la encuesta del CIS, de la que sólo leo y escucho comentarios sobre los avances y retrocesos de estos y aquellos, sumas y restas de porcentajes, especulaciones sobre gobernabilidades y otros mamoneos. No está mal, te indican por donde circulan los partidos políticos en esta carrera mediática y electoralista por llegar a su meta: el Poder.

Sin embargo, hay en los barómetros del CIS otros datos, a mi parecer, más significativos, que apuntan al fondo de la cuestión: aquellos que retratan la composición y el pensamientos social de los españoles a través de los temas que más preocupan a la ciudadanía. Creo que se deben analizar y tener en cuenta a la hora de valorar el clima político en el que vivimos. Al fin y al cabo, son esos ciudadanos los que eligen al Alcalde y el Alcalde a esos ciudadanos y tal. Deberíamos fijarnos algo en ellos.

Las coordenadas que dan esos datos sobre la sociedad española son aterradoras. Excepto aquellos temas que les afectan directamente, y son pocos (Paro, 60% /problemas de índole económica, 23%/ Sanidad, 9.9%)), o aquellos otros con que nos bombardean los medios, insistentes y repetitivos como loros mal criados (Corrupción, 35,1%/ Los políticos y los partidos, 24,3%, Catalunya, 14,9%), el resto de los problemas que uno consideraría menos coyunturales pero fundamentales, le importan un pito a los españoles.

Cuestiones a mí entender esenciales, como la situación crítica de sectores productivos tan fundamentales como la agricultura, la ganadería o la pesca, sencillamente no preocupan a nadie; ni a uno. Tampoco inquieta a ninguno de los encuestados (que ya sabemos que no son todos, ojo) la obligada solidaridad, no ya económica, sino moral que deberíamos sentir ante la situación que viven los “refugiados/as”.

Y atención a las que tan sólo preocupa al 1% o menos de los encuestados:

Los problemas relacionados con la mujer (0,2%. Eso sí, la "violencia" contra la mujer preocupa, ¡nada menos¡ que al 4,6% de los españoles) Infraestructuras (1%). Vivienda (1%). Las guerras en general (0,2%). El racismo (0,1%). El medio ambiente (0,8%). Los servicios públicos (0,4%). La administración de la Justicia (0,2%). La reforma laboral (0,1%). La monarquía (0,2%). Y en fin, para qué seguir: No sabe no contesta (1,9%).

¿A alguien le puede sorprender que la España así retratada, por borrosa que pueda ser la imagen resultante, vote lo que vota, apoye lo que apoya? Por supuesto que sabemos de la capacidad alienante y manipuladora del Poder, sus medios de comunicación, sus programas educativos y su aparato legal y administrativo, pero no me parece excusa para justificarlo.

¿No será que lo que hay que cambiar no es tanto el Parlamento (que hay que cambiarlo, ¡faltaría más!)  cómo la sociedad que lo elige?

¿No deberían los partidos y sus cargos electos (al menos los que se proclaman de izquierda, que tienen el cambio en su ADN) esforzarse en la potenciación y participación en las numerosas organizaciones sociales de todo tipo que trabajan directamente sobre el terreno y volcar más sus esfuerzos en transformar esta sociedad que retrata la encuesta, egoísta, insolidaria, seguidista y alienada, en lugar de andarse autodestruyendo en competiciones electoralistas estériles, tan a menudo oportunistas, sectarias y demagógicas, en la única búsqueda del voto nuestro de cada día?





El 25 de junio de 20013 un grupo de portugueses
interrumpieron e hicieron callar al primer ministro,
el conservador Pedro Passos Coelho cantándole
“Grandola Vila morena”.
 ¿Para cuándo un “Canto a la Libertad” en la Carrera de San Jerónimo.



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